jueves, 28 de mayo de 2020

KINTSUGI


En diciembre del año pasado (2019), nuestros amigos los Quinteros, vinieron a pasar un tiempo con nosotros y a ministrar en nuestra iglesia, Comunidad Cristiana Renacer en el norte de Virginia.
 
Mi esposo y yo teníamos un viaje planeado a El Salvador en enero de este año, para asistir a la boda de mi sobrina a quien llamo cariñosamente LaMon. Así que, aprovechando el viaje a San Salvador, mi esposo iba a estar predicando en la iglesia Luminares y algunas otras.
 
Ricardo me sorprendió pidiéndome que compartiera un tiempo con las jóvenes de su iglesia y sin pensarlo dije que sí. Después me entraron los nervios. Él, Chely y las jóvenes de la iglesia se apresuraron a armar la actividad y en un santiamén estaba todo listo, menos yo.
 
Comencé entonces a orar para que Dios me diera un sentir en el corazón sobre lo que tenía que compartir, pues no es cualquier cosa. Estuve leyendo y no me acuerdo cuando, ¡pin!, el foquito en mi corazón se encendió. Quizás por mi propia experiencia, hablar con otras mujeres sobre el tema es algo que me apasiona.
 
Estos son los elementos de la ilustración que usaría:
*Kintsugi
* Un corazón
* Un candado
* Una llave
* Una flecha
 
Hice una manualidad para llevarle a las chicas y que les quedara de recuerdo. No soy muy diestra haciendo manualidades, pero me defiendo un poco y disfruté el proceso, que es lo importante.
 
Casi un año atrás leí por primera vez sobre KINTSUGI, que es un arte o técnica japonesa que consiste en poner piezas de cerámica rotas nuevamente juntas, utilizando como “pegamento” el oro. La técnica está basada en la idea de que en abrazar las imperfecciones y los defectos, se puede crear una pieza de arte aún más sólida, más hermosa. Cada rotura es única y en lugar de repararla como nueva, la antigua técnica de aproximadamente 400 años, resalta las “cicatrices” como parte del diseño. Utilizar en nuestra vida cotidiana esta metáfora ancestral para sanar nuestro corazón y emociones, nos ayuda a aprender una lección importante: Muchas veces el proceso es más importante que el destino. El proceso de reparar lo que se ha roto, quebrado, crea algo único, hermoso y resiliente.
 
Kintsugi revela como sanar y nos muestra que somos aún mejores con nuestras rajaduras doradas. Esto es algo poderoso en nuestra vida diaria. 
 
Si estás atravesando la perdida de un ser amado, como me ha tocado a mi tanta veces en el transcurso de mi vida o la pérdida de un empleo, como lo experimenté hace un mes o si te estás recuperando de una lesión física o emocional como un divorcio o cualquier otra tragedia personal, Kintsugi puede ser una manera en que reenfoquemos las adversidades de la vida y nos recordemos que no somos víctimas de las circunstancias, que somos los protagonistas de nuestra historia, los héroes de la batalla y nos apoyemos en esta técnica para salir al otro lado siendo personas más fuertes, mas seguras de nosotros mismas, amándonos a nosotros mismos como dijo Jesús, de la misma manera que amamos a otros.
 
En el libro “El Bienestar Kintsugi: El arte japonés de nutrir la mente, el cuerpo y el espíritu” Candice Kumai dice: “Tú no realizas tu potencial completo hasta que atraviesas momentos duros.” Dicho esto, Kintsugi conlleva trabajo y conciencia para ser verdaderamente sano.
Kumai habla tambión de “Wabi Sabi”, que es admirar y celebrar las imperfecciones y vivir de manera simple. “Todos pasamos momentos duros y aparentar que vivimos una vida perfecta no es necesariamente realista,” dice.
 
En Japonés, wabi significa solo y “sabi” es el pasar del tiempo. Juntos, nos enseñan como abrazar lo bueno y lo malas de nosotros y la asimetría de la vida.
 
Me gusta mucho leer y aprende sobre diversas cosas, porque en “la multitud de consejos está la victoria” dice Proverbios 11:14, es decir que, si seguimos el consejo de Santiago y pedimos sabiduría a Dios, Él nos la va a dar sin medida. ¿Para qué? Para todo, para vivir, para encontrarlo a Él en cada cosa y detalle, en lo que vemos y leemos, en el diario vivir, porque debemos hacer todo como para el Señor, de corazón y no para los hombres (Col. 3:23) “
 
¿Cómo podemos aplicar el Kintsugi a nuestra vida cristiana?
 
Bueno, ninguno de nosotros cuando llegamos a los pies del Jesús veníamos completos. De ser así, no hubiéramos necesitado tener un encuentro personal con Él. Si somos sinceros y dejamos de aparentar, todos veníamos hechos pedazos, rotos, heridos, con piezas perdidas. Aún, si como yo, nos encontramos con Jesús a temprana edad. Y eso que mi vida parecía perfecta, pero no lo era.
 
Quizás, no lo sabíamos, pero aparte de venir rotos, estábamos en una cárcel, sombría, húmeda, en soledad.
 
Nunca he estado en una cárcel física, ni reclusa, ni siquiera de visita. Ni Dios permita que lo esté.
 
Pero se lo que es tener el corazón y los sentimientos encarcelados, por el orgullo, la soberbia, los complejos de superioridad y también de inferioridad, las inseguridades, las dudas, el dolor, la pérdida. ¿Qué más podes tú añadir? Yo tengo una lista interminable de celdas en donde he estado encerrada.
 
Soy esposa de un pastor ¿Y no soy perfecta? No, disto muchísimo de serlo.
 
Soy, en muchas áreas de mi vida, como esas piezas rotas, que necesitan ser pegadas con oro, por un sabio artista, Dios, en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 
En la Biblia el oro simboliza divinidad, inalteribilidad. Es por eso que Dios escoge usarlo para reparar las piezas rotas de nuestra vida y para que luego brillemos para Su Gloria, en cada lugar en donde estemos o lleguemos. Para que brillemos sin necesidad de hablar, con solo ser quienes somos en Él, “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para anunciar las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1ª. Pedro 2:9).
 
La metáfora del Kintsugi nos sirve para entregar nuestro corazón, para encontrar las llaves que abren los candados que tiene las puertas de las celdas de nuestro corazón y para que al fín seamos libres, como flechas, volando en el aire para alcanzar blancos específicos, las áreas de nuestro destino.
 
Tu corazón: El asiento del intelecto y las emociones.
 
“Pues como piensa dentro de sí, así es él [en conducta – es un manipulador]. Proverbios 23:7a NBLA
“Dame, hijo mío, tu corazón, Y que tus ojos se deleiten en mis caminos.” Proverbios 23:26 NBLA
 
Candado: Cerradura suelta contenida en una caja de metal, que por medio de armellas asegura puertas, ventanas, tapas de cofres, maletas, etc.
 
Llave: Instrumento, comúnmente metálico, que, introducido en una cerradura, permite activar el mecanismo que la abre y la cierra.
 
Flecha: Arma arrojadiza compuesta de una asta delgada con una punta afilada en uno de sus extremos y en el opuesto algunas plumas cortas que sirven para que mantenga la dirección al ser disparada.
 
Medita en el significado que cada uno de estos elementos tiene en tu vida hoy.
Nuestras experiencias pasadas nunca son un desperdicio. Dios siempre las utiliza para llevarnos a algo mejor, excelente, satisfactorio.
 
Uno de mis versos favoritos es Salmo 139:14 y lo prefiero en inglés, porque dice que he sido maravillosa, notable, extraordinaria y sorprendentemente creada. La versión The Message dice que “cuerpo y alma, ¡he sido maravillosamente hecha!”
 
¿Lo creo? No, no siempre lo hago, pero eso no evita que esté grabado en mi mente, en mi corazón, en mi piel y que el Espíritu Santo lo utilice para repetirme una y otra vez que es cierto, no por mí, si no por la obra redentora de Cristo Jesús.
 
Entonces, ¿Cuáles son tus fortalezas y cuáles tus debilidades??
 
Todos apuntan a que te deshagas de tus debilidades, porque somos una humanidad caída y estamos acostumbrados a ver más lo malo que lo bueno. Pero lo ideal sería que nos enfocáramos en nuestras fortalezas y trabajáramos mucho más tiempo ellas para pulirlas y hacerlas relumbrar, brillar y con ellas dejar ciego al enemigo de nuestras almas.
 
¿Quién entonces tiene la llave para abrir el candado? La tengo yo, la tenes tú, porque es nuestra voluntad. Pero la persona que en realidad puede usar esa llave y abrir el candado de tu corazón con la llave de su amor, es Jesús. Él es el único que puede decirnos como le dijo a aquella mujer: “¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” Juan 8:10b, 11
 
  Esas palabras son el arco que sostiene nuestras flechas y nos hacen libres.
 
 

EL FIN DE SEMANA


Éste ha sido un fin de semana especial en medio de la pandemia que estamos viviendo. En Virginia las cosas comenzaron a cerrar hace dos meses y algunos días. A mi me forzaron a quedarme en la casa hace un mes.
 
Creo que, en este punto ya nos hemos acostumbrado a estar tanto tiempo en la casa.
 
Aunque yo siempre he disfrutado mucho estar en casa, porque me gusta estar conmigo y con el Señor. Disfruto del silencio y la quietud. Desde pequeña he sido así; crecí en una familia en la que tuve la oportunidad de hacer esto siempre. Aunque tengo hermanos, son mayores que yo y me quedé prácticamente como hija única a los 9 años, algunas lunas atrás. Así que la casa y el jardín eran todos para mí.
 
Creo que el correr del tiempo y las situaciones adversas que me ha tocado vivir, me han hecho disfrutar del carácter introvertido con el que Dios decidió mandarme a La Tierra. Me he encontrado a mi misma y me siento cómoda, me caigo relativamente bien. Gracias a Dios por la luz de Su Palabra y la voz del Espíritu Santo que alumbran los lugares oscuros en el silencio y la soledad de mi vida.
Pero, volvamos a la pandemia.
 
Los Meoño (los tres que estamos juntos), como tú, hemos estado saliendo solo si es necesario, para comprar comida, gasolina, ir a la farmacia. Kerim va a la iglesia varias veces a la semana, para dejar todo arreglado para el siguiente servicio en línea.
 
Ahora, creo que no solo a nosotros, nos causa alegría oír el timbre sonar cuando dejan un paquete de algo que ordenamos en línea o si alguien de la iglesia viene a dejarnos algo para la familia o para la iglesia en si. Disfrutamos salir un ratito a recoger el correo o hablar con el vecino, guardando la debida distancia.
 
Pero este fin de semana específicamente han pasado algunas cosas interesantes.
Mi hija y yo trabajamos en la decoración que le pondríamos al carro de ella y así participar de un “baby shower” tipo “servicio de ventanilla.” Es una nueva modalidad de celebrar este y otro tipo de eventos. Los invitados decoran el carro de acuerdo a la ocasión que se celebra y el (la) agasajado decora el frente de su casa y espera a que los invitados pasen en sus carros con globos, rótulos y haciendo ruido. Se pueden hacer intercambios, de regalos y recuerdos. Y al alejarte del lugar, te queda la sensación y la emoción de haber compartido con esa persona una fecha especial, aunque fue solamente por dos o tres minutos.
 
Lo otro interesante que descubrí este fin de semana es lo mucho que mi familia disfruta estar junta. Siempre lo hemos hecho. Aunque claro que somos una familia normal, tenemos nuestras diferencias, buenos y malos ratos y cada quien necesita su espacio, estar solo, hacer sus propias cosas. Pero me di cuenta lo constante que es que terminemos los tres en el mismo lugar. O al menos Nicky y yo, porque muchas veces Kerim está trabajando.
 
Hemos vuelto a compartir los tiempos de comida. Muchas veces nos ahogamos de tanto reírnos, por los chistes o bromas que nos hacemos, por algo de lo que nos acordamos o simplemente porque tenemos dos ardillas que viven en el árbol del patio y hasta ellas se han vuelto de la familia. Se asoman a la puerta de vidrio a pedir comida.
 
Estos días en casa, casi 24 horas los tres juntos, Kerim, Nicky y yo, me han hecho pensar en lo mucho que le agradezco a Dios la oportunidad de haber estado presente en la vida de mis hijos como su mamá, enfermera, motorista, porrista, consejera, cocinera, pastelera y tantas cosas.
 
Y ahora aún más, porque aunque están grandes y nosotros ya no tan jóvenes, disfrutamos estar juntos.
Mientras escribo esto, estoy sentada en la sala de la casa junto a mi hija que está estudiando una de las clases de verano que está tomando en la universidad. Llevamos varias horas sentadas aquí, yo simplemente estoy junto a ella porque queremos estar juntas. Me ha dicho varias veces que no hay problema si me quiero ir a mi cuarto, pero yo quiero estar aquí y oír sus ocurrencias, en medio de lo que está estudiando. Le quiero hacer compañía, aunque no la necesita.
 
No se cómo ni cuándo vamos a regresar a la rutina cotidiana de antes, pero distinta, con un nuevo “normal”. No tengo idea como será el mundo exterior después de esta pandemia.
Lo que se y tengo cierto es que Dios ha estado en medio de todo esto, como siempre lo está.
No lo hemos visto hacer portentos y prodigios. No hemos visto a ningún muerto resucitar o a miles ser sanados milagrosamente. No se ha abierto literalmente el cielo y Él ha hablado.
Pero lo he sentido y lo he visto obrando, trabajando en mi, en otros.
 
Lo cierto es que con este evento mundial muchos que forzadamente han tenido que quedarse encerrados junto a los suyos en casa, han comenzado a valorar nuevamente lo que la familia es, han visto cuanto tiempo han perdido en cosas sin sentido y frivolidades. A muchos se les han abierto los ojos y lo que antes veían como perdido, ahora lo ven como ganancia.
 
Muchos hemos retomado, reconquistado, readquirido, desenterrado sentimientos, relaciones, sueños que habíamos dejado inconclusos o quizás que nunca antes habíamos comenzado.
Este tiempo para mi y quizás para muchos otros, ha sido un tiempo de “silbo apacible”, como el que visitó a Elías en la cueva después de huir de Jezabel. Él oyó la voz de Dios y lo buscó en el viento grande y poderoso, en el terremoto, en el fuego. Pero quizás nunca se le ocurrió que un Dios tan inmenso podría ser contenido en un viento sosegado, silencioso.
 
Lo mismo nos ha pasado a nosotros. A medida que la humanidad ha ido progresando en tantas cosas, hemos olvidado buscar a Dios en los lugares inesperados, en el silencio, en la meditación de Su Palabra, en lo pequeño y cotidiano, en la naturaleza. Hemos cambiado todo esto por el ruido, por la tecnología que nos acerca de una forma y nos aleja de mil.
 
Dios está usando este encierro mundial para que nos volvamos a Él de manera sencilla, sin apariencias, sin pretensiones, sin dobles intenciones.
 
Busquémoslo donde nunca antes lo hemos hecho. Volvamos a las oraciones en donde derramamos lágrimas de agradecimiento, de arrepentimiento, de entrega, pero también de gratitud y satisfacción.
Salgamos de nuestras cuevas como Elías lo hizo, obedeciendo a la voz que le dijo: “ponte en el monte delante de Jehová “y cubramos nuestro rostro cuando logremos oír el silbo apacible sobre nosotros.
Así sabremos que no hemos desperdiciado nada, al contrario, que hemos ganado mucho.

sábado, 25 de junio de 2016

SHIVA


¿De qué estoy hablando? Te preguntarás.
 
La primera vez que leí sobre este término y lo que significa fue hace poco más de un año y entonces, también pensé en escribir sobre el asunto. Pero como otras tantas veces, no lo hice.
 
¿Por qué ahora? Bueno, tengo todo el tiempo en mis manos, ya que debido a la crisis que el COVID-19 ha causado en el mundo, perdí mi trabajo en una oficina en la que estaba feliz, haciendo muchas cosas que me gustan. Ese día un poco más de 400 empleados más también perdieron su trabajo junto a mi.
 
Nunca vi venir esa noticia. No lo sospechaba en absoluto. Hasta que mi jefe me llamó. El tono de su voz me dijo que algo no estaba bien y el corazón se me fue al estómago. Hice una oración pidiéndole a Dios que no me fuera a decir lo que sospeché en ese momento, pero, eso fue exactamente lo que ocurrió.
 
No recuerdo muchas cosas que ella y la persona de recursos humanos me dijeron. Mi cerebro se nubló y se desconectó en ese momento y mil cosas se me vinieron a la cabeza, mis responsabilidades monetarias, mi familia. Pero en medio de todo, como lo he hecho desde los 10 años, me agarré fuertemente de las manos que siempre me sostienen segura, de las manos de Dios.
 
No puedo decir que no lloré de dolor y tristeza. Claro que si lo hice. Y eso no es falta de fe o dudas de que Dios tiene el control. Es simplemente ser humano, mostrar mi lado vulnerable, ser yo, la llorona que siempre he sido. No es un símbolo de debilidad, al contrario, es más uno de dependencia total en medio de las dudas, de la inseguridad, de lo desconocido.
 
¿Qué relación tiene todo esto con el título de esta nota? En un momento podrás atar los cabos.
No estoy escribiendo esto de acuerdo al acto literal de guardar Shiva, si no más bien al período que todos pasamos cuando perdemos algo, no solo a alguien que queremos, disfrutamos.
 
Creo que he guardado Shiva múltiples veces en mi vida, desde los 10 años quizás. Ha habido recurrentes pérdidas en mi vida, de personas, de cosas, de estatus. Pero a pesar de todo, Dios a alumbrado mis pasos por los valles oscuros, a veces demasiado largos, pero con una salida al final.
Shiva significa literalmente siete en hebreo. Y corresponde al número de días que oficialmente dura este período que un judío practicante guarda después del funeral de un ser amado, especialmente los padres, hermanos, cónyuges o hijos.
 
En inglés, así como en hebreo se usan dos palabras, “sitting Shiva”. En español se dice “guardar Shiva”.
 
El verbo “sentarse” es a menudo usado en conjunto con “Shiva” porque una de las partes fundamentales del proceso de Shiva es sentarse, en una silla muy baja, lo más cercano al suelo de lo que usualmente son, para mostrar el estado de ánimo de quien está de duelo.
 
Shiva es una costumbre milenaria establecida aún desde antes de que la Biblia fuera escrita, cuando la tradición se contaba oralmente.
 
En la Biblia por ejemplo, leemos en Génesis 50:10 que cuando Jacob falleció, su hijo José “ordenó siete días de duelo por su padre”.
Incluso antes del diluvio, Dios le dice a Noé: “Dentro de siete días haré llover sobre la Tierra cuarenta días y cuarenta noches”.
 
¿Por qué la tardanza? Los sabios del Talmud explican que Dios estaba esperando que concluyeran los siete días de duelo por la muerte del abuelo de Noé, el justo Matusalén.
 
¿Por qué siete días? El Talmud explica que al igual que cuando llega el momento del regocijo durante las festividades de Pascua (Pésaj) y los Tabernáculos (Sukot), momentos en los cuales se convoca a celebrar durante siete días, del mismo modo, cuando es tiempo de duelo, transitamos el luto durante siete días. La conexión entre ambas cosas es referida en Amos 8:10, en el cual Dios dice: “cambiaré vuestras fiestas en llanto”.
 
Quizás hasta ahora no entiendes la razón de todo lo que estoy escribiendo.
Estoy tratando de hacer un paralelismo entre una costumbre real, física, con el proceso de duelo emocional que pasamos al perder no solo a un ser querido, si no un trabajo, con en mi caso; una relación, sueños, aspiraciones y hasta cosas materiales que tienen significado sentimental para nosotros.
 
Creo que como cristianos, debemos retomar esta costumbre de “guardar Shiva” y dejar a los demás pasar en paz cualquier tipo de duelo que estén viviendo, sin recitarles innumerables versículos bíblicos, sin hacerlos sentirse culpables por estar tristes, sin acusarlos y señalarlos.
Muchas veces es entre los que nos llamamos cristianos en donde menos encontramos empatía, consuelo, soporte, un hombro en el que llorar, un abrazo, momentos en silencio para simplemente acompañar, sin recomendar, sin aconsejar, sin estar buscando la respuesta correcta y la solución al problema.
 
Hemos perdido el sentido de la prudencia y siempre tenemos algo que decir, algo que argumentar, cuando lo que la otra persona necesita es simplemente nuestra presencia, saber que cuenta con nosotros para estar allí. Porque seguramente él o ella saben tantos versículos, si no más de los que nosotros podamos decir.
 
Hemos perdido el sentido de simplemente estar presentes, de acompañar, de guardar silencio.
¿Cuándo fue la última vez que acompañaste a alguien en su duelo, en Shiva y estuviste allí, presente de todo corazón?
 
En muchas ocasiones yo he necesitado eso. En otras he pedido a Dios que me ayude a quedarme en silencio para acompañar, para estar presente, sinceramente, para ser empática.
 
Pero el duelo no puede ser para siempre. La tradición de terminar el Shiva ocurre en el séptimo día del duelo. Las practicas actuales dan fin al Shiva en la mañana del séptimo día. Los amigos y familia cercana acompañan y hasta literalmente asisten a los dolientes a “levantarse del Shiva”, a levantarse de esas sillas que están casi hasta el piso, a salir del confinamiento de la casa y dar una vuelta por el vecindario.
 
¿Estás guardando Shiva por algo o alguien? ¿Estás ya en el séptimo día?
 
No importa en que parte del duelo te encontrés, la tormenta pasará, la tierra se secará, las plantas volverán a brotar, la situación va a ser mejor. Dios está junto a nosotros en cada segundo del proceso. Él si nos entiende, nos consuela, nos abraza.
 
“Después envío una paloma para ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra, pero la paloma no encontró lugar donde posarse, de modo que volvió a él, al arca, porque las aguas estabansobre la superficie de toda la tierra. Entonces extendió su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma desde el arca. Y hacia el atardecer la paloma regresó a él, y he aquí, en su pico traía una hoja de olivo recién arrancada. Entonces Noé comprendió que las aguas habían disminuido sobre la tierra. Esperó aún otros siete días, y envió la paloma, pero ya no volvió más a él.” Gen. 8:8-12
 
 

Mi duelo...

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Cada persona lidia con el duelo de diferentes formas, quizás porque el duelo se da de diferentes maneras dependiendo de la pérdida que nos toque tener.
Personalmente he tenido que enfrentar las etapas de duelo por la pérdida de muchos seres queridos, los más amados, mis padres y mis hermanos varones. He pasado por el duelo de la pérdida de amistades y etapas, pero nunca nada se comparará al dolor de perder a quienes te amaron aún desde antes de conocerte.
He tenido una vida muy privilegiada, porque nací en una familia que desde que llegué me rodeó de amor. No lo recuerdo, pero hay algo grabado en lo más profundo de mi corazón que me dice que me amaron a primera vista, todos, los cinco, mis papás y mis dos hermanos y mi hermana. Y con el correr del tiempo, yo los fui amando de manera recíproca, a cada uno de forma distinta, pero con un amor profundo, intenso, así como soy yo.

Hoy estuvimos acompañando a Lupe, sus hijos, yerno y nietos en el servicio para honrar la memoria de mi hermano, a quien aquí en EU le decían Carlos. Nosotros lo llamamos Eduardo o Baldo. Gracias a la tecnología pudimos estar presentes, escuchando las palabras de Bobby, de los nietos, de su amigo el papá del pastor, de Annette y del pastor Ross. Cada uno lo describió desde un punto de vista distinto, cada uno acertó en su descripción. Hubo momentos en los que no podía contener las lágrimas, entremezcladas de alegría y de dolor.

Hoy me siento a la computadora a hacer lo que siempre hago cuando el corazón y la mente me rebalsan, escribo, porque escribir me despeja más que la mente, el corazón.
Coincidentemente Baldo también escribía y muy bien, cuando su corazón estaba lleno, cuando como yo, necesitaba encontrar en medio de la inspiración alguna respuesta,  quizás se asomaban más preguntas, o quizás solamente para tirar al aire sus ideas y dejarlas allí flotando, esperando que el peso de las mismas trajeran alguna conclusión. Escribir para nosotros quizás es algo innato que heredamos de “don Abel” como Baldo le decía a papi en los últimos años. Una hermosa herencia que nos transmitió genéticamente.

Los artículos que he leído sobre el duelo dicen que algunos de los síntomas que uno experimenta son culpa, tristeza, un bulto en la garganta, inquietud, episodios de llanto y otros más. En estos diez días he sentido todos y cada uno de los que he mencionado.

Siento una mezcla de culpa y tristeza, pues pudimos estar más cerca y no lo hicimos. Pudimos tratar más, pero no lo hicimos. Si hubiéramos sabido que todo esto iba a pasar, se que las cosas hubieran sido diferentes, pero mi mamá siempre decía que el hubiera solo sirve para quejarse. Pero hoy, tengo que desahogar mi corazón que está tan inundado de tristeza, porque mi amado hermano y yo no siempre logramos encontrar el pedazo del rompecabezas en donde encajábamos bien y ahora ya no hay más tiempo en esta tierra para seguir tratando, ya no me va a volver a tratar de abrazar para decirme “Si te quiero Nonoya, por eso es que te friego tanto”, ya no, no mas, no de este lado del cielo.

Creo que todo empezó porque cuando estaba chiquita él disfrutaba asustándome y me daba tanto miedo. Silbaba la canción de un programa que veía que se llamaba “Sombras Tenebrosas” cuyo personaje principal, Barrabás Collins, era un vampiro y siendo un programa en blanco y negro, era más lúgubre aún. Nunca entendí porque me asustaba tanto, si él era miedoso. Quizás era una forma de luchar contra lo que él sentía, pero parecía que lo disfrutaba mucho,  ¡¡ja, ja, ja!!


Baldo y yo teníamos muchas más cosas en común que cosas diferentes. Quizás la ley de la física “Polos iguales se repelen” también se aplicaba a nosotros. Quizás por eso no siempre lográbamos entendernos.
Hoy cuando Annette describía a su papá como un “hombre complicado” que podía estar alegre y enojado al mismo tiempo, sentí que me veía en un espejo.
Yo soy complicada también, mucho, tanto que a veces es difícil entenderme, vivir conmigo misma, ya no se diga con los demás.

Baldo es y era un hombre muy analítico, de fuertes convicciones, ideas claras, con un corazón tremendamente leal y servicial. Cuando cualquiera llegaba a su casa, lo hacía sentir como en la suya propia. Y siempre había algo delicioso que comer, porque era un gran cocinero y desde siempre hizo un buen equipo con su amada Lupe.

Creo que el ser analítico es otra de las características que papi nos heredó, las cosas las pensamos demasiado, les damos muchas vueltas, les encontramos los dobleces, los pro y contra. Al parecer los genes de papi fueron mucho más fuertes con su primogénito y su última hija, porque hasta físicamente somos los que más nos parecemos a él.

Una de las cosas que más me gustó de lo  que dijeron hoy,  casi todos, es que Baldo no se amoldaba, iba contra los límites, el status quo no era para él, era un rebelde en muchos aspectos, lo fue desde joven, lo fue hasta su último suspiro porque se fue luchando por quedarse, un rato más, un segundo más.

Mi hermano es todo un personaje, del que hay mucho que decir. Muchas anécdotas que contar, mucho que aprender.
Pienso en él y se me arruga el corazón, no puedo contener las lágrimas al escuchar una canción del grupo Bread, America o de Hillsong.  
No se cuanto tiempo me la voy a pasar hablando y escribiendo sobre él, lo he hecho antes, pero nunca lo suficiente, nunca ha sido demasiado.
No se hasta cuando….

martes, 19 de junio de 2012

Mejores papás, hijos más fuertes

Así titulé el tema que tuve el privilegio de compartir en el día del padre ayer en la iglesia.
Fue un gran reto para mi, pues no estoy acostumbrada a "predicar" frente a tanta gente como hubo ayer. Llenar los zapatos de mi esposo es un trabajo muy grande, no solo por la responsabilidad que hay sobre sus hombros, sino porque nuestras personalidades son distintas y yo no soy tan dinámica y graciosa como él.
El hecho de que me van a comparar con él siempre me hace retraerme, pues se que las comparaciones en casos de "el pastor y su esposa" están siempre a la orden del día, pero tenía y debía compartir lo que había en mi corazón y lo que había estudiado y preparado.


“ES MUCHO MÁS FÁCIL CONVERTIRSE EN PADRE QUE SERLO.”
Kent Nerburn, “Cartas a mi hijo”

Esta frase me impactó tremendamente pues es tan sencilla y a la vez tan cierta y profunda.

No voy a transcribir el tema, quiero escribir sobre un padre que ha clarificado en mi corazón la identidad que un padre debería tener.
Si quisiera decir que Dios diseñó al hombre con la capacidad de ser un papá exitoso, verdadero. Su concepto de hombre y padre es tan distinto a lo que vemos diariamente a nuestro alrededor.

Este padre ha sido desde el primer momento un hombre responsable, amoroso, involucrado en la vida de sus hijos siempre. Creo que pocas veces se ha perdido un envento importante en la vida de sus hijos. Siempre ha estado allí, cámara presente para captar los momentos inolvidables.
Me ha hecho pensar y decir que yo misma hubiera querido tener un papá tan cercano como él. Se que su vida ha dejado ya una profunda huella en el corazón, la vida y las personalidades de sus hijos.
Por supuesto que estoy hablando de Kerim, mi amado esposo y padre de mis dos hijos.

Me acuerdo perfectamente aquel sábado de enero en 1993 en el que le dí la noticia de que estaba finalmente embarazada, después de haber creído en varias oportunidades que habíamos sido bendecidos con ese hermoso regalo. Las lágrimas le rodaron de los ojos y oramos dándole gracias a Dios por ese bebé que ya estaba en mi vientre.
Habíamos vivido hasta ese momento un año intenso de pruebas, dolor y traición. Un año que le hizo perder la esperanza, el brillo en sus ojos, la pasión por cualquier cosa, pero esta noticia le devolvió las ganas de luchar y seguir adelante.
Cuando yo tenía 5 meses de embarazo casi nos quedamos sin la bendición de que mi hijo tuviera a su papá cerca. En Guatemala, en la carretera hacia la capital, lo atacaron unos guerrilleros queriendo quitarle el carro al que dejaron como un colador y solo la protección de Dios lo guardó y lo dejó vivo, aunque tuvo una herida que hubiera sido mortal si la bala hubiera bajado un milímetro más en su cabeza. Esta es una historia aparte. Para entonces yo ya tenía un gran ejemplo de una mujer que quedó viuda jóven, tenía una niña y estaba embarazada de su segundo hijo. Mi cuñada hubiera podido ser mi ejemplo y modelo a seguir si lo mismo me hubiera ocurrido a mi.

Cuando llegué a los 7 meses de embarazo, Kerim viajó a visitar por primera vez a su mamá aquí en EU. Me dejó una carta que conservo como un tesoro y que cada vez que la leo lloro, pues sabía desde entonces que él sería un gran padre.
Allì llamó a Sammy "el arco íris después de la tormenta, la señal de Dios de que todo estaría bien" y así ha sido.

Antes de chinear a Sammy por primera vez creo que nunca había cargado a un recién nacido, pero pronto se sumergió en el papel más importante de su vida, ser padre.
Me imagino que esta nueva identidad comenzó a llenar su corazón de tal manera que hasta hoy, casi diecinueve años después veo que sus ojos brillan cuando ve a sus hijos, cualquiera se puede dar cuenta que  está sumamente orgullos de ellos y los ama con todo su corazón y haría cualquier cosa con tal de darles lo mejor que pueda.

Años más tarde, una noche de diciembre, salí del baño con una prueba de embarazo en la mano a enseñarle que era positiva, que Dios nos estaba dando el regalo y privilegio de ser padres una vez más.
Al siguiente día me llevó a la Clínica Bíblica, porque en San José casi todo cierra en la última quincena de diciembre y los laboratorios cerca de la casa estaban cerrados. Esperamos ansiosamente la confirmación. Nos dijeron lo mismo que la prueba casera, que estábamos esperando nuestro segundo hijo.
Podría decir que el Señor escuchó su oración ferviente y nos regaló una princesa.

En estos años he visto a mi esposo ser un buen papá y se ha ido convirtiendo cada vez en uno mejor. Por eso nuestros hijos son seguros de ellos mismos, fuertes, valientes, graciosos, enfrentan la vida con una sonrisa en su rostro porque eso han aprendido de su papá.

Las primeras veces en la vida de nuestros hijos han sido con su papi. Aprender a subir las escaleras y deslizarse en un tobogán sin temor y sin que su mamá se muera del miedo y grite "¡¡¡NOOOOO!!!", columpiarse hasta lo más alto que se pudo, saltar en las camas, caminar en calcetines o descalsos por la casa. Con su papá ellos aprendieron a andar en bicicleta con rueditas y como dirían los ticos "de un pronto a otro" verse sin ellas, con la mano de papi deteniendo la bici por detrás. Por supuesto que fue él quien les compró todo el equipo de seguridad para que si sufrían una caída no fuera algo de lamentar.
Los ha llevado de compras porque yo no tengo paciencia para eso.
Ha compartido largos ratos riéndose con ellos y muchas veces de mi.
Aunque quizás piensen lo contrario, fue Kerim quien los dejó cocinar por primera vez porque yo como buena mamá tenía miedo de que se quemaran.
Y la lista de "la primera vez" podría seguir y seguir.

Este hombre temeroso de Dios es uno de los mejores papás que he conocido en mi vida. Antes de él sólo había visto a otro cuidar a su hija de la misma forma, diligente y dedicadamente. Ese fue mi hermano Roberto.

Dios no pudo darme un mejor hombre para ser el padre de mis hijos. Es un privilegio compartir esta carrera de la paternidad con él.
Cada vez que lo veo con Sammy o con Nicky o con los dos, mi corazón se llena de alegría al saber que nuestros hijos tienen un buen modelo para seguir.
Que Sammy un día llegará a ser un buen esposo y padre porque eso es lo que aprendió en su casa.
Y que Nicky va a encontrar también a un hombre de Dios que refleje lo que su papá le ha enseñado a ella.

Ya te felicitamos ayer Tito. Pero en la casa de los Meoño Salazar todos los días pueden ser el día del padre, pues celebramos lo que sos. ¡¡ Te amo!!

martes, 12 de junio de 2012

Al final de una jornada

Cuando en diciembre de 1999 supe que estaba embarazada de mi segundo hijo, no me imaginé en ningún momento que esta aventura fuera tan emocionante. Luego descubrimos que Dios nos estaba regalando una princesa.

Soy sumamente bendecida de ser la madre de dos hermosos hijos que son tan distintos el uno del otro, no solo por su género, sino por sus caracteres, por la forma de ver las cosas, por la personalidad que cada uno tiene. Mis dos hijos son la más grande herencia que he recibido de mi Padre en los cielos.
No se que habrá visto en mi que me encomendó esta hermosa tarea con dos seres que son únicos y tan especiales. Ambos me han hecho la mujer más feliz del mundo, cada uno con sus cosas particulares.

Kerim y yo no planeamos que se llevaran casi 7 años de diferencia. En realidad son 6 años y 10 meses para ser exactos. No planeamos que nuestro hijo mayor tuviera una nacionalidad y nuestra hija otra. Nunca pensamos que nos convertiríamos en una familia tan particular. Pero Dios, quien tiene todo perfectamente planificado, o como diría el Chapulín Colorado, "fríamente calculado", ya sabía que nos mandaría estos dos regalos.
Sammy suele decir que antes de la llegada de Nicky a nuestra familia, éramos "en blanco y negro", pero cuando llegó ella nos volvimos una familia "a colores", pues aunque Kerim es un poco eléctrico cuando predica, generalmente él, Sammy y yo somos bastante más tranquilos.

Y esta diferencia de años ha hecho que vivamos cosas que quizás no pasan en otras familias.

Este año, esa diferencia de edad hace que nuestros dos hijos se gradúen. Sammy de bachiller y Nicky de sexto grado.

Cuando Sammy se graduó de sexto grado en Puerto Rico, Nicky se graduó de preparatoria.
Si, ya se, quizá pensarán como yo ¿Y porqué tantas graduaciones? En mi época de colegio solo nos graduábamos de bachilleres al terminar la primera etapa de nuestra educación para luego ir a la universidad, pero vivimos en un país distinto a mi hermoso El Salvador y en una época distinta también.
Aquí se gradúan de muchas cosas antes de terminar la educación básica.

En fin, estamos a dos días de  acontecimientos únicos en la vida de nuestros hijos.

Sammy cierra un ciclo de educación en la que gracias a Dios ha sido muy exitoso, con excelentes notas todo el tiempo, casi siempre en el cuadro de honor a pesar de haber estudiado en tres países diferentes y en dos idiomas distintos.
En esta época encontró la pasión de su vida, lo que lo motiva más que cualquier otra cosa. Descubrió que la cocina va a ser el lugar en donde va a pasar mucho tiempo de su vida adulta. Pensar en lo que va a cocinar, en preparar un menú, en ir a aprender cosas nuevas o ser el "sou chef" de algún famoso, hace que le brillen los ojos, que su voz se llene de emoción y expectativa. Además no le importa que tenga que trabajar 12 horas o más. Aunque regrese molido, siempre viene feliz y emocionado.
Esta pasión ya le está rindiendo satisfacciones y triunfos que sabemos que se deben a su esfuerzo y dedicación, pero sobre todo a la gracia que Dios ha puesto en él y sobre él, porque se le abren puertas y se le dan oportunidades que él no busca y si lo hace no se mal mata para que le salgan.
Seguro cuando estaba en el cielo, con nuestro Padre, ellos cocinaron juntos, porque estoy casi segura que allá hay cocinas, ya que vamos a ir a las Bodas del Cordero y vamos a comer, así que quien sabe si Sammy anduvo por allá practicando antes de llegar a la familia Meoño Salazar.

Una vez me dijo: "Mami, debe ser horrible ir a trabajar todos los días y no tener pasión por lo que se hace, sino que trabajan sólo porque les pagan. Yo no voy a trabajar ni un día de mi vida. Voy a disfrutar de lo que quiero y me van a pagar por eso." Y por supuesto, como muchísimas otras veces, me dejó helada, con la quijada hasta el suelo y con el cerebro a mil revoluciones recapacitando en mi propia vida.

Este jóven, a quien yo tengo el privilegio de llamar mi hijo, me ha hablado de parte de Dios incontables veces. Hemos orado y llorado juntos. Compartimos más que una relación mamá-hijo, somos amigos y aunque como es normal, muchas veces nos peleamos y después nos pedimos perdón, respeto y tomo en consideración sus palabras y sus consejos.
Cuando me lo pusieron en el pecho por primera vez no me imaginé que Dios me estaba regalando a unos de los mejores amigos que voy a tener en esta vida.
Este jóven simpático, determinado y maduro me ha dado muchas lecciones en estos años que hemos vivido juntos.

Seguro que muchos pensaron que por ser hijo de un pastor tan apasionado como mi Tito, Sammy se convertiría en un "pequeño Kerim" y seguiría sus pasos en el ministerio. Pero el hecho de que no predique en un púlpito, no quiere para nada decir que no predica con su vida, con su ejemplo y con su integridad. Quizás no hable con una Biblia en la mano o con una prédica, pero ha seguido los pasos de su papá amando con pasión lo que hace, ayudando a otros, brillando con la luz de Jesús en cualquier lugar en donde está.
Lo que Kerim ha sembrado en el corazón de Sammy hace años que está creciendo y dando fruto, y ¡¡Lo que nos falta por ver!!


Nicky está terminando su educación elemental y con eso está casi cerrando la época de ser una niña. Su estatura y su forma de comportarse la hacen parecer mayor de lo que es, pero su corazón es inocente, gracias a Dios, porque le ha tocado vivir en una época en la que las niñas se convierten en mujeres saltándose muchas etapas. Gracias a Dios he tenido el privilegio de estar con ella y de cuidar que viva lo que le toca según su edad, aunque ella quiera correr a zancadas, no la dejamos.

El próximo año escolar le toca ir a una escuela media que es grandísima y ambas estamos un poco asustadas porque hay muchos más estudiantes y muchos más retos, pero se que le va a ir muy bien, pues es una personita muy determinada también, se organiza a su manera y es responsable. Tan responsable que casi nunca la tengo que levantar para ir a estudiar ni tengo que andar detrás de ella para que haga sus tareas.

Nicky es todo un personaje. Los lugares a donde ella llega se iluminan, se llenan de ocurrencias y de risa, de energía y electricidad.
En este tiempo que estamos viviendo juntas, el ser su mamá me ha retado a hacer muchas cosas para ser un buen ejemplo para ella. Me he acordado tanto de mi mamá y de lo que ella formó en mi, que no quiero perder esa oportunidad de dejar en mi hija un legado que perdure cuando yo ya no esté con ella.
Le pido a Dios que ella me recuerde de la forma en la que yo recuerdo a mi mamá y que así como yo me siento orgullosa de ella, también ella se sienta orgullosa de mi.

El ser un buen ejemplo para mi hija me ha impulsado a cuidar mas mi salud, mi peso, mi apariencia. Yo aprendí todo eso de mi mamá y quiero dejarle eso también a ella. Pero como ella es coqueta como mi madre, no necesita mucha ayuda en esta área, lo trae en su sangre, le sale por los poros. Se lo digo a cada rato: "Nicky, te parecés tanto a mi mami". Ella un día me dijo, "Es que quizás mami cuando yo todavía estaba en el cielo y llegó Mamá Bita, nos conocimos allá y hablamos mucho". No lo dudo, debe haber sido así, porque tiene tantas cosas de mi madre.

Se que no tardará en encontrar la pasión de su vida, tal como su hermano, ha tenido en él un buen ejemplo. Ya nos ha dejado saber varias cosas que la emocionan. No puedo esperar ver en la gran mujer en la que mi hija se va a convertir, en como su vida va a impactar las vidas de muchos, en como va a llevar la luz de Jesús a muchos corazones. Quizás un día de estos sea ella quien me remplace en el grupo de alabanza, por ahora, sigue teniendo pena de pararse frente a la gente y cantar.

Me ruedan las lágrimas mientras escribo esta nota, porque la profesión, ser madre, es la mejor profesión que pude encontrar. Si tuviera que regresar el tiempo y me fuera dada nuevamente la oportunidad de escoger que hacer con mi vida, no dudaría ni un poquito en volver a dedicar mi vida a cuidar a mi familia. No vacilaría en tomar nuevamente este camino, el de ser mamá a tiempo completo.
No he ganado miles de dólares con mi profesión, no he ascendido de una posición a otra hasta llegar a ser CEO de una compañía, no me he ganado premios, medallas, diplomas ni reconocimientos nacionales, pero la satisfacción que tengo grabada en mi corazón es mi más grande recompenza.
Escuchar palabras hermosas en la boca de mis hijos, sus elogios, su gratitud es mi fortuna.

Estamos a dos días de cerrar una jornada y comenzar una nueva, con muchas cosas desconocidas por delante, pero no estamos solos en este viaje. AQUEL que prometió estar con nosotros hasta el fín van con nosotros, por eso estoy segura que todo lo que viene para mis hijos es bueno. Se que no faltarán dificultades, porque es parte de la vida, pero van a cosechar lo que hasta ahora han sembrado.

¡¡¡SOY LA MAMÁ MAS ORGULLOSA!!! ¡¡LOS AMO HIJOS!!

El Regalo de la gratitud

Es increíble que mi última nota fue en diciembre del año pasado, pero si me hubieras acompañado todos y cada uno de los días que han pasado desde entonces entenderías porque me he tardado tanto en volver a escribir, aunque ésta es una de esas cosas en la vida que más disfruto.

En mi mente he escrito diez, quince y quizá más relatos, que se han quedado allí y se han discipado porque no es que no quisiera escribirlos, es que, a veces siento que estoy viviendo en el cuerpo de otra persona, digo, por lo de la Fibromialgia, pues la pérdida de peso me cayó muy bien. Y cada vez que una idea se me desaparece me acuerdo de una querida amiga que me dijo que debo escribir y escribir. Ella me ha alentado varias veces a hacerlo y hasta me ha servido de editora. Así que le debo todas esas "notas"....

Este mes, específicamente el 12 de mayo, se celebra el día de educar a la población mundial acerca de la Fibromialgia, un síndrome no una enfermedad, que aqueja principalmente a las mujeres, mayormente entre los 25 y los 55 años de edad. Pero los datos los dejaré para otro día de estos, quizás mañana.

Yo soy una entre millones de personas alrededor del mundo que padece de este síndrome.  A simple vista no te hace ver "enfermo", ya que quienes lo vivimos muchas veces estamos tan lozanos como un bebé recién nacido, excepto por las ojeras o el cansancio en los ojos debido a las incontables noches que nos la pasamos sin dormir, con insomnio. Hoy enconté un dibujo que ilustra esto perfectamente, mi estado por los últimos meses casi, me causó mucha gracia, pero cuando ya llevás semanas en las que hasta el amanecer lográs conciliar el sueño, ya no es tan gracioso.

La primera vez que escuché esta palabra FIBROMIALGIA, fue porque Miriam, en aquel entonces sólo Flores, me contó como su hermana vivía diariamente con este síndrome, cuales eran algunos de sus síntomas y como le había cambiado la vida. Y de seguro pensé como muchos ¿FIBRO, qué?  y si estuviéramos en un episodio de "El Chavo del Ocho", todo el resto, a coro nos contestaría: MIALGIA y nosotros seguiríamos con un gran signo de interrogación en la cara, sin saber de que se trata.
Nunca volví a saber del tal síndrome, ni me dió por investigar, como regularmente me pasa, cuando no se nada de un tema y me pongo a leer para salir de lo que papá llama "ignorancia supina", pero en sus planes misteriosos Dios tenía determinada una cita entre este sujeto de raro nombre y yo.
Se que podríamos discutir y discrepar en si las enfermedades son o no permitidas por Dios; si debemos reclamar nuestra sanidad; si las debemos atar y echar fuera, aunque nos sigan torturando; que si debemos declarar solo cosas positivas sobre nuestra vida y no aceptar nada negativo, etcétera, etcétera. Esto podría ser tema de otra "nota" y lo he pensado incansables veces.
Pero por ahora te diré que he conocido personas que aman a Dios con todo su corazón, le sirven, viven vidas de testimonio ante Él y ante los demás y no han sido sanadas. La más cercana a mi, mi mamá y además uno de esos fascinantes personajes bíblicos que te dejan bajando libros si lees su vida con detenimiento, JOB.

En fin, la Fibromialgia ha revolucionado mi vida, no desde que al fin lograron diagnosticarme algo, sino desde hace muchos más años, en los que divagué sin saber que era lo que le pasaba a mi cuerpo, pero atando cabos ahora ya se que es.
Por eso, escribí hace un momento que en otra época de mi vida, este hubiera sido un día como cualquier otro, porque levantarme con un poco de energía, a pesar de haber dormido como 4 horas, limpiar la cocina, lavar los trastos, comenzar desde temprano a preparar la cena, hacer una lista para ir a comprar al súper (porque ahora si no hago una lista, no me acuerdo ni para que fui hasta el súper), planear hacer dos postres (al final sólo hice uno), cambiar mi ropa de cama, sacar una ropa para lavar, ir al banco, ir al súper y regresar a mi casa, guardar lo que compré, terminar la cena, hacer el postre, lavar los platos (si, otra vez, se reproducen solos), sentarme a cenar sin colapsar y todavía guadar mis ideas para escribir este relato, es una inmensa victoria para mi, pues la semana pasada a duras penas y me podía mover. Me dolía hasta respirar, tuve una crisis horrible, pero Dios me regaló un hermoso día.

Una de las cosas que no detallé en mi larga lista, que en otro tiempo hubiera sido corta, es que me senté tranquilamente, a escuchar a una de mis predicadoras favoritas y después hice mi devocional, que le da tema a esta nota. Hoy repasé, porque quizá tú como yo, ya lo sabíamos, que la gratitud es un regalo que debemos abrir y usar diariamente, a cada instante, con cada respiro. La gratitud no es algo que se nos otorgó a los humanos para que lo pongamos en un escaparate iluminado o para que lo admiremos en otros, es un regalo para todos, que tiene sus instrucciones de uso.

Te voy a dejar las aprendí o volví a leer hoy, algunas son nuevas, otras, las se de memoria, pero de nada me sirven si no las pongo en práctica.

HOY ESTOY AGRADECIDA CON DIOS POR TODO LO QUE LOGRÉ HACER, PORQUE HAY DÍAS EN LOS QUE LAS TAREAS MÁS SENCILLAS SON COMO SI TUVIERA QUE ESCALAR EL EVEREST DE IDA Y REGRESO EN UN TIEMPO RECORD.

POR SU BONDAD Y SU SALVACIÓN
“¡Démosle gracias porque él es bueno! ¡Dios nunca deja de amarnos! Dios nuestro, ¡sálvanos! ¡Permítenos volver a nuestra tierra, para que te demos gracias y te alabemos como nuestro Dios!” (1 Crónicas 16:34–35 TLA)

POR SU SANTIDAD
“Canten al SEÑOR, ustedes sus fieles; alaben su santo nombre.” (Salmos 30:4 NVI)

POR SUS JUSTAS ORDENANZAS QUE ME ENSEÑAN A VIVIR COMO DEBO
“Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios” (Salmos 119:7 LBLA)

PORQUE SU MISERICORDIA PERDURA PARA SIEMPRE
“Dad gracias al SEÑOR porque Él es bueno, porque para siempre es su misericordia. Dad gracias al Dios de dioses, porque para siempre es su misericordia. Dad gracias al Señor de señores, porque para siempre es su misericordia.” (Salmos 136:1–3 LBLA)

POR SU CONSUELO Y SU PERDÓN
“Y dirás en aquel día: A ti doy gracias, oh SEÑOR, porque aunque estabas airado conmigo, se ha apartado tu ira, y me has consolado.” (Isaias 12:1 LBLA)

POR SU TRIUNFO EN NUESTRAS VIDAS Y POR MANIFESTARSE POR MEDIO DE NOSOTROS
“Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento.”  (2 Cor. 2:14 LBLA)

POR TODOS LOS HOMBRES
“Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones [y] acciones de gracias por todos los hombres;” (1 Tim. 2:1 LBLA)