Cuando en diciembre de 1999 supe que estaba embarazada de mi segundo
hijo, no me imaginé en ningún momento que esta aventura fuera tan
emocionante. Luego descubrimos que Dios nos estaba regalando una
princesa.
Soy sumamente bendecida de ser la madre de dos
hermosos hijos que son tan distintos el uno del otro, no solo por su
género, sino por sus caracteres, por la forma de ver las cosas, por la
personalidad que cada uno tiene. Mis dos hijos son la más grande
herencia que he recibido de mi Padre en los cielos.
No se que
habrá visto en mi que me encomendó esta hermosa tarea con dos seres que
son únicos y tan especiales. Ambos me han hecho la mujer más feliz del
mundo, cada uno con sus cosas particulares.
Kerim y yo no
planeamos que se llevaran casi 7 años de diferencia. En realidad son 6
años y 10 meses para ser exactos. No planeamos que nuestro hijo mayor
tuviera una nacionalidad y nuestra hija otra. Nunca pensamos que nos
convertiríamos en una familia tan particular. Pero Dios, quien tiene
todo perfectamente planificado, o como diría el Chapulín Colorado,
"fríamente calculado", ya sabía que nos mandaría estos dos regalos.
Sammy
suele decir que antes de la llegada de Nicky a nuestra familia, éramos
"en blanco y negro", pero cuando llegó ella nos volvimos una familia "a
colores", pues aunque Kerim es un poco eléctrico cuando predica,
generalmente él, Sammy y yo somos bastante más tranquilos.
Y esta diferencia de años ha hecho que vivamos cosas que quizás no pasan en otras familias.
Este año, esa diferencia de edad hace que nuestros dos hijos se gradúen. Sammy de bachiller y Nicky de sexto grado.
Cuando Sammy se graduó de sexto grado en Puerto Rico, Nicky se graduó de preparatoria.
Si,
ya se, quizá pensarán como yo ¿Y porqué tantas graduaciones? En mi
época de colegio solo nos graduábamos de bachilleres al terminar la
primera etapa de nuestra educación para luego ir a la universidad, pero
vivimos en un país distinto a mi hermoso El Salvador y en una época
distinta también.
Aquí se gradúan de muchas cosas antes de terminar la educación básica.
En fin, estamos a dos días de acontecimientos únicos en la vida de nuestros hijos.
Sammy
cierra un ciclo de educación en la que gracias a Dios ha sido muy
exitoso, con excelentes notas todo el tiempo, casi siempre en el cuadro
de honor a pesar de haber estudiado en tres países diferentes y en dos
idiomas distintos.
En esta época encontró la pasión de su vida, lo
que lo motiva más que cualquier otra cosa. Descubrió que la cocina va a
ser el lugar en donde va a pasar mucho tiempo de su vida adulta. Pensar
en lo que va a cocinar, en preparar un menú, en ir a aprender cosas
nuevas o ser el "sou chef" de algún famoso, hace que le brillen los
ojos, que su voz se llene de emoción y expectativa. Además no le importa
que tenga que trabajar 12 horas o más. Aunque regrese molido, siempre
viene feliz y emocionado.
Esta pasión ya le está rindiendo
satisfacciones y triunfos que sabemos que se deben a su esfuerzo y
dedicación, pero sobre todo a la gracia que Dios ha puesto en él y sobre
él, porque se le abren puertas y se le dan oportunidades que él no
busca y si lo hace no se mal mata para que le salgan.
Seguro
cuando estaba en el cielo, con nuestro Padre, ellos cocinaron juntos,
porque estoy casi segura que allá hay cocinas, ya que vamos a ir a las
Bodas del Cordero y vamos a comer, así que quien sabe si Sammy anduvo
por allá practicando antes de llegar a la familia Meoño Salazar.
Una
vez me dijo: "Mami, debe ser horrible ir a trabajar todos los días y no
tener pasión por lo que se hace, sino que trabajan sólo porque les
pagan. Yo no voy a trabajar ni un día de mi vida. Voy a disfrutar de lo
que quiero y me van a pagar por eso." Y por supuesto, como muchísimas
otras veces, me dejó helada, con la quijada hasta el suelo y con el
cerebro a mil revoluciones recapacitando en mi propia vida.
Este
jóven, a quien yo tengo el privilegio de llamar mi hijo, me ha hablado
de parte de Dios incontables veces. Hemos orado y llorado juntos.
Compartimos más que una relación mamá-hijo, somos amigos y aunque como
es normal, muchas veces nos peleamos y después nos pedimos perdón,
respeto y tomo en consideración sus palabras y sus consejos.
Cuando
me lo pusieron en el pecho por primera vez no me imaginé que Dios me
estaba regalando a unos de los mejores amigos que voy a tener en esta
vida.
Este jóven simpático, determinado y maduro me ha dado muchas lecciones en estos años que hemos vivido juntos.
Seguro
que muchos pensaron que por ser hijo de un pastor tan apasionado como
mi Tito, Sammy se convertiría en un "pequeño Kerim" y seguiría sus pasos
en el ministerio. Pero el hecho de que no predique en un púlpito, no
quiere para nada decir que no predica con su vida, con su ejemplo y con
su integridad. Quizás no hable con una Biblia en la mano o con una
prédica, pero ha seguido los pasos de su papá amando con pasión lo que
hace, ayudando a otros, brillando con la luz de Jesús en cualquier lugar
en donde está.
Lo que Kerim ha sembrado en el corazón de Sammy hace años que está creciendo y dando fruto, y ¡¡Lo que nos falta por ver!!
Nicky
está terminando su educación elemental y con eso está casi cerrando la
época de ser una niña. Su estatura y su forma de comportarse la hacen
parecer mayor de lo que es, pero su corazón es inocente, gracias a Dios,
porque le ha tocado vivir en una época en la que las niñas se
convierten en mujeres saltándose muchas etapas. Gracias a Dios he tenido
el privilegio de estar con ella y de cuidar que viva lo que le toca
según su edad, aunque ella quiera correr a zancadas, no la dejamos.
El
próximo año escolar le toca ir a una escuela media que es grandísima y
ambas estamos un poco asustadas porque hay muchos más estudiantes y
muchos más retos, pero se que le va a ir muy bien, pues es una personita
muy determinada también, se organiza a su manera y es responsable. Tan
responsable que casi nunca la tengo que levantar para ir a estudiar ni
tengo que andar detrás de ella para que haga sus tareas.
Nicky
es todo un personaje. Los lugares a donde ella llega se iluminan, se
llenan de ocurrencias y de risa, de energía y electricidad.
En
este tiempo que estamos viviendo juntas, el ser su mamá me ha retado a
hacer muchas cosas para ser un buen ejemplo para ella. Me he acordado
tanto de mi mamá y de lo que ella formó en mi, que no quiero perder esa
oportunidad de dejar en mi hija un legado que perdure cuando yo ya no
esté con ella.
Le pido a Dios que ella me recuerde de la forma en
la que yo recuerdo a mi mamá y que así como yo me siento orgullosa de
ella, también ella se sienta orgullosa de mi.
El ser un
buen ejemplo para mi hija me ha impulsado a cuidar mas mi salud, mi
peso, mi apariencia. Yo aprendí todo eso de mi mamá y quiero dejarle eso
también a ella. Pero como ella es coqueta como mi madre, no necesita
mucha ayuda en esta área, lo trae en su sangre, le sale por los poros.
Se lo digo a cada rato: "Nicky, te parecés tanto a mi mami". Ella un día
me dijo, "Es que quizás mami cuando yo todavía estaba en el cielo y
llegó Mamá Bita, nos conocimos allá y hablamos mucho". No lo dudo, debe
haber sido así, porque tiene tantas cosas de mi madre.
Se
que no tardará en encontrar la pasión de su vida, tal como su hermano,
ha tenido en él un buen ejemplo. Ya nos ha dejado saber varias cosas que
la emocionan. No puedo esperar ver en la gran mujer en la que mi hija
se va a convertir, en como su vida va a impactar las vidas de muchos, en
como va a llevar la luz de Jesús a muchos corazones. Quizás un día de
estos sea ella quien me remplace en el grupo de alabanza, por ahora,
sigue teniendo pena de pararse frente a la gente y cantar.
Me
ruedan las lágrimas mientras escribo esta nota, porque la profesión,
ser madre, es la mejor profesión que pude encontrar. Si tuviera que
regresar el tiempo y me fuera dada nuevamente la oportunidad de escoger
que hacer con mi vida, no dudaría ni un poquito en volver a dedicar mi
vida a cuidar a mi familia. No vacilaría en tomar nuevamente este
camino, el de ser mamá a tiempo completo.
No he ganado miles de
dólares con mi profesión, no he ascendido de una posición a otra hasta
llegar a ser CEO de una compañía, no me he ganado premios, medallas,
diplomas ni reconocimientos nacionales, pero la satisfacción que tengo
grabada en mi corazón es mi más grande recompenza.
Escuchar palabras hermosas en la boca de mis hijos, sus elogios, su gratitud es mi fortuna.
Estamos
a dos días de cerrar una jornada y comenzar una nueva, con muchas cosas
desconocidas por delante, pero no estamos solos en este viaje. AQUEL
que prometió estar con nosotros hasta el fín van con nosotros, por eso
estoy segura que todo lo que viene para mis hijos es bueno. Se que no
faltarán dificultades, porque es parte de la vida, pero van a cosechar
lo que hasta ahora han sembrado.
¡¡¡SOY LA MAMÁ MAS ORGULLOSA!!! ¡¡LOS AMO HIJOS!!
“Que todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo. La hierba se seca y la flor se marchita, porque el aliento del SEÑOR sopla sobre ellas.” (Is.40:6,8) Suspiramos cuando nacemos y también cuando morimos. Todos nuestros días están llenos de suspiros, algunos más profundos que otros. Unos llenos de esperanza, otros de desesperación. Cuando suspiramos tomamos aliento para seguir adelante y también lo hacemos al darnos por vencidos en alguna situación.
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