sábado, 25 de junio de 2016

SHIVA


¿De qué estoy hablando? Te preguntarás.
 
La primera vez que leí sobre este término y lo que significa fue hace poco más de un año y entonces, también pensé en escribir sobre el asunto. Pero como otras tantas veces, no lo hice.
 
¿Por qué ahora? Bueno, tengo todo el tiempo en mis manos, ya que debido a la crisis que el COVID-19 ha causado en el mundo, perdí mi trabajo en una oficina en la que estaba feliz, haciendo muchas cosas que me gustan. Ese día un poco más de 400 empleados más también perdieron su trabajo junto a mi.
 
Nunca vi venir esa noticia. No lo sospechaba en absoluto. Hasta que mi jefe me llamó. El tono de su voz me dijo que algo no estaba bien y el corazón se me fue al estómago. Hice una oración pidiéndole a Dios que no me fuera a decir lo que sospeché en ese momento, pero, eso fue exactamente lo que ocurrió.
 
No recuerdo muchas cosas que ella y la persona de recursos humanos me dijeron. Mi cerebro se nubló y se desconectó en ese momento y mil cosas se me vinieron a la cabeza, mis responsabilidades monetarias, mi familia. Pero en medio de todo, como lo he hecho desde los 10 años, me agarré fuertemente de las manos que siempre me sostienen segura, de las manos de Dios.
 
No puedo decir que no lloré de dolor y tristeza. Claro que si lo hice. Y eso no es falta de fe o dudas de que Dios tiene el control. Es simplemente ser humano, mostrar mi lado vulnerable, ser yo, la llorona que siempre he sido. No es un símbolo de debilidad, al contrario, es más uno de dependencia total en medio de las dudas, de la inseguridad, de lo desconocido.
 
¿Qué relación tiene todo esto con el título de esta nota? En un momento podrás atar los cabos.
No estoy escribiendo esto de acuerdo al acto literal de guardar Shiva, si no más bien al período que todos pasamos cuando perdemos algo, no solo a alguien que queremos, disfrutamos.
 
Creo que he guardado Shiva múltiples veces en mi vida, desde los 10 años quizás. Ha habido recurrentes pérdidas en mi vida, de personas, de cosas, de estatus. Pero a pesar de todo, Dios a alumbrado mis pasos por los valles oscuros, a veces demasiado largos, pero con una salida al final.
Shiva significa literalmente siete en hebreo. Y corresponde al número de días que oficialmente dura este período que un judío practicante guarda después del funeral de un ser amado, especialmente los padres, hermanos, cónyuges o hijos.
 
En inglés, así como en hebreo se usan dos palabras, “sitting Shiva”. En español se dice “guardar Shiva”.
 
El verbo “sentarse” es a menudo usado en conjunto con “Shiva” porque una de las partes fundamentales del proceso de Shiva es sentarse, en una silla muy baja, lo más cercano al suelo de lo que usualmente son, para mostrar el estado de ánimo de quien está de duelo.
 
Shiva es una costumbre milenaria establecida aún desde antes de que la Biblia fuera escrita, cuando la tradición se contaba oralmente.
 
En la Biblia por ejemplo, leemos en Génesis 50:10 que cuando Jacob falleció, su hijo José “ordenó siete días de duelo por su padre”.
Incluso antes del diluvio, Dios le dice a Noé: “Dentro de siete días haré llover sobre la Tierra cuarenta días y cuarenta noches”.
 
¿Por qué la tardanza? Los sabios del Talmud explican que Dios estaba esperando que concluyeran los siete días de duelo por la muerte del abuelo de Noé, el justo Matusalén.
 
¿Por qué siete días? El Talmud explica que al igual que cuando llega el momento del regocijo durante las festividades de Pascua (Pésaj) y los Tabernáculos (Sukot), momentos en los cuales se convoca a celebrar durante siete días, del mismo modo, cuando es tiempo de duelo, transitamos el luto durante siete días. La conexión entre ambas cosas es referida en Amos 8:10, en el cual Dios dice: “cambiaré vuestras fiestas en llanto”.
 
Quizás hasta ahora no entiendes la razón de todo lo que estoy escribiendo.
Estoy tratando de hacer un paralelismo entre una costumbre real, física, con el proceso de duelo emocional que pasamos al perder no solo a un ser querido, si no un trabajo, con en mi caso; una relación, sueños, aspiraciones y hasta cosas materiales que tienen significado sentimental para nosotros.
 
Creo que como cristianos, debemos retomar esta costumbre de “guardar Shiva” y dejar a los demás pasar en paz cualquier tipo de duelo que estén viviendo, sin recitarles innumerables versículos bíblicos, sin hacerlos sentirse culpables por estar tristes, sin acusarlos y señalarlos.
Muchas veces es entre los que nos llamamos cristianos en donde menos encontramos empatía, consuelo, soporte, un hombro en el que llorar, un abrazo, momentos en silencio para simplemente acompañar, sin recomendar, sin aconsejar, sin estar buscando la respuesta correcta y la solución al problema.
 
Hemos perdido el sentido de la prudencia y siempre tenemos algo que decir, algo que argumentar, cuando lo que la otra persona necesita es simplemente nuestra presencia, saber que cuenta con nosotros para estar allí. Porque seguramente él o ella saben tantos versículos, si no más de los que nosotros podamos decir.
 
Hemos perdido el sentido de simplemente estar presentes, de acompañar, de guardar silencio.
¿Cuándo fue la última vez que acompañaste a alguien en su duelo, en Shiva y estuviste allí, presente de todo corazón?
 
En muchas ocasiones yo he necesitado eso. En otras he pedido a Dios que me ayude a quedarme en silencio para acompañar, para estar presente, sinceramente, para ser empática.
 
Pero el duelo no puede ser para siempre. La tradición de terminar el Shiva ocurre en el séptimo día del duelo. Las practicas actuales dan fin al Shiva en la mañana del séptimo día. Los amigos y familia cercana acompañan y hasta literalmente asisten a los dolientes a “levantarse del Shiva”, a levantarse de esas sillas que están casi hasta el piso, a salir del confinamiento de la casa y dar una vuelta por el vecindario.
 
¿Estás guardando Shiva por algo o alguien? ¿Estás ya en el séptimo día?
 
No importa en que parte del duelo te encontrés, la tormenta pasará, la tierra se secará, las plantas volverán a brotar, la situación va a ser mejor. Dios está junto a nosotros en cada segundo del proceso. Él si nos entiende, nos consuela, nos abraza.
 
“Después envío una paloma para ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra, pero la paloma no encontró lugar donde posarse, de modo que volvió a él, al arca, porque las aguas estabansobre la superficie de toda la tierra. Entonces extendió su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma desde el arca. Y hacia el atardecer la paloma regresó a él, y he aquí, en su pico traía una hoja de olivo recién arrancada. Entonces Noé comprendió que las aguas habían disminuido sobre la tierra. Esperó aún otros siete días, y envió la paloma, pero ya no volvió más a él.” Gen. 8:8-12
 
 

Mi duelo...

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Cada persona lidia con el duelo de diferentes formas, quizás porque el duelo se da de diferentes maneras dependiendo de la pérdida que nos toque tener.
Personalmente he tenido que enfrentar las etapas de duelo por la pérdida de muchos seres queridos, los más amados, mis padres y mis hermanos varones. He pasado por el duelo de la pérdida de amistades y etapas, pero nunca nada se comparará al dolor de perder a quienes te amaron aún desde antes de conocerte.
He tenido una vida muy privilegiada, porque nací en una familia que desde que llegué me rodeó de amor. No lo recuerdo, pero hay algo grabado en lo más profundo de mi corazón que me dice que me amaron a primera vista, todos, los cinco, mis papás y mis dos hermanos y mi hermana. Y con el correr del tiempo, yo los fui amando de manera recíproca, a cada uno de forma distinta, pero con un amor profundo, intenso, así como soy yo.

Hoy estuvimos acompañando a Lupe, sus hijos, yerno y nietos en el servicio para honrar la memoria de mi hermano, a quien aquí en EU le decían Carlos. Nosotros lo llamamos Eduardo o Baldo. Gracias a la tecnología pudimos estar presentes, escuchando las palabras de Bobby, de los nietos, de su amigo el papá del pastor, de Annette y del pastor Ross. Cada uno lo describió desde un punto de vista distinto, cada uno acertó en su descripción. Hubo momentos en los que no podía contener las lágrimas, entremezcladas de alegría y de dolor.

Hoy me siento a la computadora a hacer lo que siempre hago cuando el corazón y la mente me rebalsan, escribo, porque escribir me despeja más que la mente, el corazón.
Coincidentemente Baldo también escribía y muy bien, cuando su corazón estaba lleno, cuando como yo, necesitaba encontrar en medio de la inspiración alguna respuesta,  quizás se asomaban más preguntas, o quizás solamente para tirar al aire sus ideas y dejarlas allí flotando, esperando que el peso de las mismas trajeran alguna conclusión. Escribir para nosotros quizás es algo innato que heredamos de “don Abel” como Baldo le decía a papi en los últimos años. Una hermosa herencia que nos transmitió genéticamente.

Los artículos que he leído sobre el duelo dicen que algunos de los síntomas que uno experimenta son culpa, tristeza, un bulto en la garganta, inquietud, episodios de llanto y otros más. En estos diez días he sentido todos y cada uno de los que he mencionado.

Siento una mezcla de culpa y tristeza, pues pudimos estar más cerca y no lo hicimos. Pudimos tratar más, pero no lo hicimos. Si hubiéramos sabido que todo esto iba a pasar, se que las cosas hubieran sido diferentes, pero mi mamá siempre decía que el hubiera solo sirve para quejarse. Pero hoy, tengo que desahogar mi corazón que está tan inundado de tristeza, porque mi amado hermano y yo no siempre logramos encontrar el pedazo del rompecabezas en donde encajábamos bien y ahora ya no hay más tiempo en esta tierra para seguir tratando, ya no me va a volver a tratar de abrazar para decirme “Si te quiero Nonoya, por eso es que te friego tanto”, ya no, no mas, no de este lado del cielo.

Creo que todo empezó porque cuando estaba chiquita él disfrutaba asustándome y me daba tanto miedo. Silbaba la canción de un programa que veía que se llamaba “Sombras Tenebrosas” cuyo personaje principal, Barrabás Collins, era un vampiro y siendo un programa en blanco y negro, era más lúgubre aún. Nunca entendí porque me asustaba tanto, si él era miedoso. Quizás era una forma de luchar contra lo que él sentía, pero parecía que lo disfrutaba mucho,  ¡¡ja, ja, ja!!


Baldo y yo teníamos muchas más cosas en común que cosas diferentes. Quizás la ley de la física “Polos iguales se repelen” también se aplicaba a nosotros. Quizás por eso no siempre lográbamos entendernos.
Hoy cuando Annette describía a su papá como un “hombre complicado” que podía estar alegre y enojado al mismo tiempo, sentí que me veía en un espejo.
Yo soy complicada también, mucho, tanto que a veces es difícil entenderme, vivir conmigo misma, ya no se diga con los demás.

Baldo es y era un hombre muy analítico, de fuertes convicciones, ideas claras, con un corazón tremendamente leal y servicial. Cuando cualquiera llegaba a su casa, lo hacía sentir como en la suya propia. Y siempre había algo delicioso que comer, porque era un gran cocinero y desde siempre hizo un buen equipo con su amada Lupe.

Creo que el ser analítico es otra de las características que papi nos heredó, las cosas las pensamos demasiado, les damos muchas vueltas, les encontramos los dobleces, los pro y contra. Al parecer los genes de papi fueron mucho más fuertes con su primogénito y su última hija, porque hasta físicamente somos los que más nos parecemos a él.

Una de las cosas que más me gustó de lo  que dijeron hoy,  casi todos, es que Baldo no se amoldaba, iba contra los límites, el status quo no era para él, era un rebelde en muchos aspectos, lo fue desde joven, lo fue hasta su último suspiro porque se fue luchando por quedarse, un rato más, un segundo más.

Mi hermano es todo un personaje, del que hay mucho que decir. Muchas anécdotas que contar, mucho que aprender.
Pienso en él y se me arruga el corazón, no puedo contener las lágrimas al escuchar una canción del grupo Bread, America o de Hillsong.  
No se cuanto tiempo me la voy a pasar hablando y escribiendo sobre él, lo he hecho antes, pero nunca lo suficiente, nunca ha sido demasiado.
No se hasta cuando….