¿De qué estoy hablando? Te preguntarás.
La primera vez que leí sobre este término y lo que significa fue hace poco más de un año y entonces, también pensé en escribir sobre el asunto. Pero como otras tantas veces, no lo hice.
¿Por qué ahora? Bueno, tengo todo el tiempo en mis manos, ya que debido a la crisis que el COVID-19 ha causado en el mundo, perdí mi trabajo en una oficina en la que estaba feliz, haciendo muchas cosas que me gustan. Ese día un poco más de 400 empleados más también perdieron su trabajo junto a mi.
Nunca vi venir esa noticia. No lo sospechaba en absoluto. Hasta que mi jefe me llamó. El tono de su voz me dijo que algo no estaba bien y el corazón se me fue al estómago. Hice una oración pidiéndole a Dios que no me fuera a decir lo que sospeché en ese momento, pero, eso fue exactamente lo que ocurrió.
No recuerdo muchas cosas que ella y la persona de recursos humanos me dijeron. Mi cerebro se nubló y se desconectó en ese momento y mil cosas se me vinieron a la cabeza, mis responsabilidades monetarias, mi familia. Pero en medio de todo, como lo he hecho desde los 10 años, me agarré fuertemente de las manos que siempre me sostienen segura, de las manos de Dios.
No puedo decir que no lloré de dolor y tristeza. Claro que si lo hice. Y eso no es falta de fe o dudas de que Dios tiene el control. Es simplemente ser humano, mostrar mi lado vulnerable, ser yo, la llorona que siempre he sido. No es un símbolo de debilidad, al contrario, es más uno de dependencia total en medio de las dudas, de la inseguridad, de lo desconocido.
¿Qué relación tiene todo esto con el título de esta nota? En un momento podrás atar los cabos.
No estoy escribiendo esto de acuerdo al acto literal de guardar Shiva, si no más bien al período que todos pasamos cuando perdemos algo, no solo a alguien que queremos, disfrutamos.
Creo que he guardado Shiva múltiples veces en mi vida, desde los 10 años quizás. Ha habido recurrentes pérdidas en mi vida, de personas, de cosas, de estatus. Pero a pesar de todo, Dios a alumbrado mis pasos por los valles oscuros, a veces demasiado largos, pero con una salida al final.
Shiva significa literalmente siete en hebreo. Y corresponde al número de días que oficialmente dura este período que un judío practicante guarda después del funeral de un ser amado, especialmente los padres, hermanos, cónyuges o hijos.
En inglés, así como en hebreo se usan dos palabras, “sitting Shiva”. En español se dice “guardar Shiva”.
El verbo “sentarse” es a menudo usado en conjunto con “Shiva” porque una de las partes fundamentales del proceso de Shiva es sentarse, en una silla muy baja, lo más cercano al suelo de lo que usualmente son, para mostrar el estado de ánimo de quien está de duelo.
Shiva es una costumbre milenaria establecida aún desde antes de que la Biblia fuera escrita, cuando la tradición se contaba oralmente.
En la Biblia por ejemplo, leemos en Génesis 50:10 que cuando Jacob falleció, su hijo José “ordenó siete días de duelo por su padre”.
Incluso antes del diluvio, Dios le dice a Noé: “Dentro de siete días haré llover sobre la Tierra cuarenta días y cuarenta noches”.
¿Por qué la tardanza? Los sabios del Talmud explican que Dios estaba esperando que concluyeran los siete días de duelo por la muerte del abuelo de Noé, el justo Matusalén.
¿Por qué siete días? El Talmud explica que al igual que cuando llega el momento del regocijo durante las festividades de Pascua (Pésaj) y los Tabernáculos (Sukot), momentos en los cuales se convoca a celebrar durante siete días, del mismo modo, cuando es tiempo de duelo, transitamos el luto durante siete días. La conexión entre ambas cosas es referida en Amos 8:10, en el cual Dios dice: “cambiaré vuestras fiestas en llanto”.
Quizás hasta ahora no entiendes la razón de todo lo que estoy escribiendo.
Estoy tratando de hacer un paralelismo entre una costumbre real, física, con el proceso de duelo emocional que pasamos al perder no solo a un ser querido, si no un trabajo, con en mi caso; una relación, sueños, aspiraciones y hasta cosas materiales que tienen significado sentimental para nosotros.
Creo que como cristianos, debemos retomar esta costumbre de “guardar Shiva” y dejar a los demás pasar en paz cualquier tipo de duelo que estén viviendo, sin recitarles innumerables versículos bíblicos, sin hacerlos sentirse culpables por estar tristes, sin acusarlos y señalarlos.
Muchas veces es entre los que nos llamamos cristianos en donde menos encontramos empatía, consuelo, soporte, un hombro en el que llorar, un abrazo, momentos en silencio para simplemente acompañar, sin recomendar, sin aconsejar, sin estar buscando la respuesta correcta y la solución al problema.
Hemos perdido el sentido de la prudencia y siempre tenemos algo que decir, algo que argumentar, cuando lo que la otra persona necesita es simplemente nuestra presencia, saber que cuenta con nosotros para estar allí. Porque seguramente él o ella saben tantos versículos, si no más de los que nosotros podamos decir.
Hemos perdido el sentido de simplemente estar presentes, de acompañar, de guardar silencio.
¿Cuándo fue la última vez que acompañaste a alguien en su duelo, en Shiva y estuviste allí, presente de todo corazón?
En muchas ocasiones yo he necesitado eso. En otras he pedido a Dios que me ayude a quedarme en silencio para acompañar, para estar presente, sinceramente, para ser empática.
Pero el duelo no puede ser para siempre. La tradición de terminar el Shiva ocurre en el séptimo día del duelo. Las practicas actuales dan fin al Shiva en la mañana del séptimo día. Los amigos y familia cercana acompañan y hasta literalmente asisten a los dolientes a “levantarse del Shiva”, a levantarse de esas sillas que están casi hasta el piso, a salir del confinamiento de la casa y dar una vuelta por el vecindario.
¿Estás guardando Shiva por algo o alguien? ¿Estás ya en el séptimo día?
No importa en que parte del duelo te encontrés, la tormenta pasará, la tierra se secará, las plantas volverán a brotar, la situación va a ser mejor. Dios está junto a nosotros en cada segundo del proceso. Él si nos entiende, nos consuela, nos abraza.
“Después envío una paloma para ver si las aguas habían disminuido sobre la superficie de la tierra, pero la paloma no encontró lugar donde posarse, de modo que volvió a él, al arca, porque las aguas estabansobre la superficie de toda la tierra. Entonces extendió su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma desde el arca. Y hacia el atardecer la paloma regresó a él, y he aquí, en su pico traía una hoja de olivo recién arrancada. Entonces Noé comprendió que las aguas habían disminuido sobre la tierra. Esperó aún otros siete días, y envió la paloma, pero ya no volvió más a él.” Gen. 8:8-12

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