Así titulé el tema que tuve el privilegio de compartir en el día del padre ayer en la iglesia.
Fue
un gran reto para mi, pues no estoy acostumbrada a "predicar" frente a
tanta gente como hubo ayer. Llenar los zapatos de mi esposo es un
trabajo muy grande, no solo por la responsabilidad que hay sobre sus
hombros, sino porque nuestras personalidades son distintas y yo no soy
tan dinámica y graciosa como él.
El hecho de que me van a comparar
con él siempre me hace retraerme, pues se que las comparaciones en
casos de "el pastor y su esposa" están siempre a la orden del día, pero
tenía y debía compartir lo que había en mi corazón y lo que había
estudiado y preparado.
“ES MUCHO MÁS FÁCIL CONVERTIRSE EN PADRE QUE SERLO.”
Kent Nerburn, “Cartas a mi hijo”
Esta frase me impactó tremendamente pues es tan sencilla y a la vez tan cierta y profunda.
No
voy a transcribir el tema, quiero escribir sobre un padre que ha
clarificado en mi corazón la identidad que un padre debería tener.
Si
quisiera decir que Dios diseñó al hombre con la capacidad de ser un
papá exitoso, verdadero. Su concepto de hombre y padre es tan distinto a
lo que vemos diariamente a nuestro alrededor.
Este padre
ha sido desde el primer momento un hombre responsable, amoroso,
involucrado en la vida de sus hijos siempre. Creo que pocas veces se ha
perdido un envento importante en la vida de sus hijos. Siempre ha estado
allí, cámara presente para captar los momentos inolvidables.
Me
ha hecho pensar y decir que yo misma hubiera querido tener un papá tan
cercano como él. Se que su vida ha dejado ya una profunda huella en el
corazón, la vida y las personalidades de sus hijos.
Por supuesto que estoy hablando de Kerim, mi amado esposo y padre de mis dos hijos.
Me
acuerdo perfectamente aquel sábado de enero en 1993 en el que le dí la
noticia de que estaba finalmente embarazada, después de haber creído en
varias oportunidades que habíamos sido bendecidos con ese hermoso
regalo. Las lágrimas le rodaron de los ojos y oramos dándole gracias a
Dios por ese bebé que ya estaba en mi vientre.
Habíamos vivido
hasta ese momento un año intenso de pruebas, dolor y traición. Un año
que le hizo perder la esperanza, el brillo en sus ojos, la pasión por
cualquier cosa, pero esta noticia le devolvió las ganas de luchar y
seguir adelante.
Cuando yo tenía 5 meses de embarazo casi nos
quedamos sin la bendición de que mi hijo tuviera a su papá cerca. En
Guatemala, en la carretera hacia la capital, lo atacaron unos
guerrilleros queriendo quitarle el carro al que dejaron como un colador y
solo la protección de Dios lo guardó y lo dejó vivo, aunque tuvo una
herida que hubiera sido mortal si la bala hubiera bajado un milímetro
más en su cabeza. Esta es una historia aparte. Para entonces yo ya tenía
un gran ejemplo de una mujer que quedó viuda jóven, tenía una niña y
estaba embarazada de su segundo hijo. Mi cuñada hubiera podido ser mi
ejemplo y modelo a seguir si lo mismo me hubiera ocurrido a mi.
Cuando
llegué a los 7 meses de embarazo, Kerim viajó a visitar por primera vez
a su mamá aquí en EU. Me dejó una carta que conservo como un tesoro y
que cada vez que la leo lloro, pues sabía desde entonces que él sería un
gran padre.
Allì llamó a Sammy "el arco íris después de la tormenta, la señal de Dios de que todo estaría bien" y así ha sido.
Antes
de chinear a Sammy por primera vez creo que nunca había cargado a un
recién nacido, pero pronto se sumergió en el papel más importante de su
vida, ser padre.
Me imagino que esta nueva identidad comenzó a
llenar su corazón de tal manera que hasta hoy, casi diecinueve años
después veo que sus ojos brillan cuando ve a sus hijos, cualquiera se
puede dar cuenta que está sumamente orgullos de ellos y los ama con
todo su corazón y haría cualquier cosa con tal de darles lo mejor que
pueda.
Años más tarde, una noche de diciembre, salí del
baño con una prueba de embarazo en la mano a enseñarle que era positiva,
que Dios nos estaba dando el regalo y privilegio de ser padres una vez
más.
Al siguiente día me llevó a la Clínica Bíblica, porque en San
José casi todo cierra en la última quincena de diciembre y los
laboratorios cerca de la casa estaban cerrados. Esperamos ansiosamente
la confirmación. Nos dijeron lo mismo que la prueba casera, que
estábamos esperando nuestro segundo hijo.
Podría decir que el Señor escuchó su oración ferviente y nos regaló una princesa.
En
estos años he visto a mi esposo ser un buen papá y se ha ido
convirtiendo cada vez en uno mejor. Por eso nuestros hijos son seguros
de ellos mismos, fuertes, valientes, graciosos, enfrentan la vida con
una sonrisa en su rostro porque eso han aprendido de su papá.
Las
primeras veces en la vida de nuestros hijos han sido con su papi.
Aprender a subir las escaleras y deslizarse en un tobogán sin temor y
sin que su mamá se muera del miedo y grite "¡¡¡NOOOOO!!!", columpiarse
hasta lo más alto que se pudo, saltar en las camas, caminar en
calcetines o descalsos por la casa. Con su papá ellos aprendieron a
andar en bicicleta con rueditas y como dirían los ticos "de un pronto a
otro" verse sin ellas, con la mano de papi deteniendo la bici por
detrás. Por supuesto que fue él quien les compró todo el equipo de
seguridad para que si sufrían una caída no fuera algo de lamentar.
Los ha llevado de compras porque yo no tengo paciencia para eso.
Ha compartido largos ratos riéndose con ellos y muchas veces de mi.
Aunque
quizás piensen lo contrario, fue Kerim quien los dejó cocinar por
primera vez porque yo como buena mamá tenía miedo de que se quemaran.
Y la lista de "la primera vez" podría seguir y seguir.
Este
hombre temeroso de Dios es uno de los mejores papás que he conocido en
mi vida. Antes de él sólo había visto a otro cuidar a su hija de la
misma forma, diligente y dedicadamente. Ese fue mi hermano Roberto.
Dios
no pudo darme un mejor hombre para ser el padre de mis hijos. Es un
privilegio compartir esta carrera de la paternidad con él.
Cada
vez que lo veo con Sammy o con Nicky o con los dos, mi corazón se llena
de alegría al saber que nuestros hijos tienen un buen modelo para
seguir.
Que Sammy un día llegará a ser un buen esposo y padre porque eso es lo que aprendió en su casa.
Y que Nicky va a encontrar también a un hombre de Dios que refleje lo que su papá le ha enseñado a ella.
Ya
te felicitamos ayer Tito. Pero en la casa de los Meoño Salazar todos
los días pueden ser el día del padre, pues celebramos lo que sos. ¡¡ Te
amo!!